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LA SABIDURÍA DE EDWARD BACH


¿Quién fue Edward Bach?

De muchos es sabido que fue el padre de la terapia floral. Una terapia vibracional que actúa sobre el cuerpo energético de la persona, sin agredir el cuerpo físico y buscando el origen profundo, psico-emocional y espiritual de la dolencia.

Fue un hombre extraordinario, un hombre sabio dotado de una extraordinaria sensibilidad y con una extraordinaria capacidad de servicio hacia el ser humano y hacia el mundo. Dedicando su vida a ello a través de su profesión: Dr. Edward Bach Médico del Alma.

Fue un hombre y un médico adelantado a su tiempo, yendo más allá de la medicina aprendida en la Universidad y practicada por el 99% de los médicos de la época a principios del siglo XX.

Tras años de práctica e investigación en hospitales, tras pasar él mismo por una gravísima enfermedad y ser desahuciado por sus colegas.  Convencido de que las enfermedades no eran materiales en su origen  y guiado por la certeza de que desde ese lugar sólo podía aliviar los síntomas de las enfermedades y no sanar a las personas, decidió abandonar el camino de curar enfermedades y abrir un nuevo camino: el de curar a enfermos. 

Y no sólo eso, el de que los enfermos se pudieran curar a sí mismos a través de unos remedios naturales al alcance de todos: LAS FLORES. De fácil preparación y toma y apenas sin coste económico.

No es el propósito de este post el detallar las esencias florales que el descubrió y nos entregó con extraordinaria generosidad y esperanza. Sí lo es el de descubrir su propia esencia como hombre a través de su sabiduría.

Para ello y a modo de inspiración detallo algunos de sus pensamientos recogidos  de su bibliografía y cartas personales:

La enfermedad es un desencuentro entre nuestros cuerpos y nuestras almas.

 

En algunas ocasiones, se requiere una enfermedad realmente severa para enseñarnos a controlar nuestros actos y  corregir el 
rumbo de nuestras vidas.

La curación emana de nuestro interior, igual que la enfermedad.

Somos sanos cuando somos auténticamente felices, somos felices cuando obedecemos al alma.

 

La verdad no necesita ser analizada, discutida o envuelta en palabrerío, se comprende en un instante y pasa a formar parte de uno.

La más pequeña e insignificante de las cosas de la naturaleza tiene detrás un propósito divino.
Cada uno de nosotros es un ser divino, y como tal, tiene una misión divina en este mundo.

Cualquier acción contra nosotros mismos o contra otros afecta al todo universal de la misma manera.

El método más efectivo para erradicar un defecto no es luchar contra él, sino, sencillamente, ejercitar la virtud opuesta tanto como nos sea posible.

El alma nos habla a través de la intuición, del instinto, de aspiraciones e ideales, de simpatías y antipatías cotidianas; 
en cualquier forma, es fácil para nosotros escucharla individualmente.

Si cada día podemos aislarnos un corto lapso, solos  y en silencio, con la mente en blanco, espontáneamente incorporaremos 
a nuestra vida relámpagos de orientación.

Las doctrinas y la civilización nos han robado el silencio; nos han robado el conocimiento que todos poseemos dentro. El secreto es rescatarlo.

Nuestros verdaderos deseos -los deseos de nuestro verdadero yo- no deben ser confundidos con los deseos y aspiraciones que otras personas nos implantan.

La función paterna es dejar crecer en libertad.

Para tu propio bien, sé tú mismo, ignorando toda convención, todo conformismo.

Se nos ha llevado a pensar que son otros los que nos deben enseñar, y nuestro propio ser espiritual ha quedado sumergido.

A ninguno de los que estamos sobre la Tierra se nos pide que hagamos más de lo que está en nuestro poder.

No importa la situación de vida en que nuestra Divinidad nos haya colocado. Seamos comerciantes o profesionales, ricos o pobres, para todos es posible llevar a cabo la obra de sus respectivas vocaciones y ser, además, una verdadera bendición para su prójimo.

 

Con su sabiduría flotando en el aire inspirando cada aliento, me despido por hoy.

Bendiciones

En

Ami

 

 

 

 

 

 

 

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